Introducción
Imagínate esto: un coche, la carretera mojada, y el silencio helado de una noche de mayo de 1983. Dentro, iba Eduardo Benavente. Un genio. Una chispa de fuego negro que brilló demasiado rápido y se apagó antes de tiempo.
El accidente truncó más que una vida. Truncó una era, un futuro que prometía más guitarras afiladas, más letras desgarradoras y más himnos para las almas oscuras que no encontraban refugio en los focos brillantes de la Movida Madrileña.
Prepárate para un viaje, por una época donde todo parecía posible.
Prepárate, para descubrir la historia jamás contada del after punk.
España en los 80: sangre, sudor y nihilismo
Era el final de la dictadura, pero también el principio de un caos necesario. Después de décadas de sombras, España comenzaba a parpadear ante la luz de un futuro incierto.
La juventud española, como perros callejeros que acaban de escapar de sus cadenas, olía la libertad en el aire. Pero no era una libertad que entendieran del todo. Era una sensación visceral, primitiva. Había hambre. Hambre de algo nuevo, algo auténtico, algo que pateara las cenizas del pasado y se alzara con descaro.
Mientras muchos, encontraban su lugar en las luces brillantes y el hedonismo de la Movida Madrileña, había otros que se sentían incómodos bajo ese sol artificial. Eran los que preferían las esquinas, las sombras, los bares pequeños y oscuros donde la música era un susurro rasgado.
Fue en esos rincones donde el afterpank encontró su refugio. Un movimiento que llegó de Inglaterra con las maletas cargadas de nihilismo, sintetizadores y un aire gótico, que parecía hecho a medida para un país que aún arrastraba el peso de su propia historia.
Parálisis Permanente y el lado oscuro del pop

Mientras Alaska y sus Pegamoides jugaban a seducir al mainstream, lanzando guiños al público más amplio con canciones pegadizas como Bailando, Eduardo Benavente y Ana Curra caminaban por un sendero distinto.
Menos color, más sombras. Menos fiesta y más introspección. Habían encontrado su musa no en los destellos de la Movida Madrileña, sino en las frías y húmedas salas de conciertos de Inglaterra.
En aquellos viajes, vieron a bandas como Killing Joke, Bauhaus, Siouxie o The Cure. Fue como una revelación. Una epifanía envuelta en neón mortecino y guitarras distorsionadas.
Pero lo que trajeron de Inglaterra no fue una simple copia. Fue una reinterpretación, una traducción al idioma emocional de una España que se tambaleaba entre la euforia y el desencanto.
Aún como miembros de Alaska y los Pegamoides, lo primero que hicieron fue adoptar la estética. Pelo cardado, ropa oscura, creepers y cuero negro.
Pero con esta deriva hacia lo siniestro, pronto surgieron roces entre Carlos Berlanga, hasta la fecha el compositor principal del grupo, y Eduardo, que veía las cosas de otra forma y quería una evolución hacia algo más oscuro y menos pop.
Estos desencuentros desembocaron en la marcha de Carlos Berlanga de la banda para formar Dinarama, a los que posteriormente, se unirían Nacho Canut y Alaska, cambiando su nombre a Alaska y Dinarama.
Por su parte, Eduardo Benavente y Ana Curra formaron Parálisis Permanente en 1981, y desde el primer momento quedó claro que esta banda no iba a ser para todo el mundo.
Sus canciones no eran cómodas, ni sus letras fáciles de digerir. Eran un grito desde el abismo, una mezcla de angustia existencial y deseo visceral.
En 1982, lanzan su primer EP compartido con Gabinete Caligari a través del sello Tic-Tac. El disco, incluía los temas “Autosuficiencia» y “Tengo un pasajero”.
A raíz del éxito del disco, Eduardo Benavente, y Ana Curra, forman junto a Fernando Urrutia y Andrés Cuadrado el sello Tres Cipreses, con vistas a publicar a los grupos Parálisis Permanente y Gabinete Caligari.
El sello Tres Cipreses sería el encargado no solo de editar a las dos bandas mencionadas Parálisis y Gabinete, sino también a otros grupos como Cámara, Los Seres Vacíos, Loquillo y los Trogloditas y Desechables.
Posteriormente, Tres Cipreses se convertiría en un subsello de DRO, donde seguirían editando a grupos icónicos como Los Nikis, Los Coyotes, Academia Parabüten o PVP.
Tras lanzar el sencillo “Quiero ser Santa”, escrito por Alaska y Ana Curra, Parálisis Permanente publicaron en 1982 su único LP, El Acto.
El álbum estaba compuesto por 13 canciones, entre las que había temas propios, y 2 versiones en castellano de “Quiero ser tu perro” de The Stooges y “Héroes” de David Bowie.
En este disco, se explotaba la vertiente más oscura y tenebrosa del rock en España, y a pesar de ser una producción independiente, el álbum tuvo un gran éxito entre el público y la crítica.
Ya en 1983, publicarían su último single, con los temas “Nacidos Para Dominar” y “Sangre”.
El 14 de mayo del mismo año, volviendo de un concierto en León, y dirigiéndose a Zaragoza para tocar, el coche en el que viajaban Eduardo Ana y Toti se sale de la carretera debido a la lluvia cerca de Alfaro, La Rioja.
Eduardo, que contaba con tan sólo veinte años, murió de camino al hospital, mientras que Ana Curra tuvo que ser hospitalizada, y Toti sólo sufrió heridas leves.
La vida de Eduardo se apagó, y con ella la banda, que se convirtió en leyenda.
No tuvieron tiempo de desgastarse, ni de cometer errores fatales que ensombrecieran su legado.
Su música, quedó congelada en el tiempo, como una fotografía que captura un momento perfecto, antes de que el mundo pueda arruinarlo.
Y quizás por eso, su impacto es tan duradero. Porque Eduardo y Parálisis Permanente, nunca tuvieron la oportunidad de diluirse. Fueron intensos, fueron breves y fueron sin duda inolvidables.
Más allá de Parálisis Permanente: Décima Víctima y los poetas de la melancolía

La onda siniestra no era un monolito, no se limitaba a una sola banda ni a un solo estilo. Si Parálisis Permanente era el lado visceral y desgarrador de este movimiento, Décima Víctima representaba su faceta más introspectiva, refinada y melancólica.
Eran los darks con un toque de elegancia, los poetas de la tristeza contenida, los arquitectos de un sonido que no solo escuchabas, sino que sentías como un frío que te atraviesa los huesos.
Los inicios de la banda se remontan a 1980, donde los hermanos suecos Lars y Per Mertanen formaron el grupo Cláusula Tenebrosa.
Después de una actuación, empezaron a hablar de la posibilidad de ensayar con Carlos Entrena, amigo de la época y antiguo cantante de los recién separados Ejecutivos Agresivos, que tenían entre sus filas a figuras tan destacadas de la Movida como Poch de Derribos Arias o Jaime Urrutia de Gabinete Caligari.
En ese mismo año, formaron junto con Esclarecidos el sello discográfico independiente Grabaciones Accidentales, más conocido como «GASA», y empezaron a editar sus propios discos y los de otros grupos como Derribos Arias.
Desde el primer acorde quedaba claro que Décima Víctima, no era una banda más. Había un minimalismo en su música, una precisión casi quirúrgica en la forma en que construían sus canciones, dejando justo el espacio necesario para que las emociones fluyeran sin restricciones.
En 1982, decidieron sustituir la caja de ritmos que tenían hasta el momento, por una batería real, y entró a formar parte del grupo José Brena.
Con Tan Lejos, consiguieron por votación de los oyentes La Maqueta de Oro, un premio de Radio Tres como uno de los temas favoritos del año 1982.
Las letras de Carlos Entrena, eran pequeñas joyas existencialistas. No trataban de amor o de protesta como tantas otras canciones de la época, sino de algo más profundo, como eran la lucha interna, el vacío o la soledad.
El sonido de la banda estaba profundamente influido por Joy Division, uno de los emblemas del post-punk inglés.
Y aunque sería fácil etiquetarlos como los Joy Division españoles, esa comparación no hace justicia a lo que Décima Víctima logró por derecho propio.
Su música era menos agresiva, más atmosférica, como un paisaje sonoro donde podías perderte durante horas. Las guitarras, las líneas de bajo y la batería se entrelazaban en un equilibrio perfecto, creando un efecto hipnótico que junto con la voz, te envolvía como una niebla.
Su sonido, pese a estar formado solo por tres instrumentos y voz, solía ser tan envolvente en vivo como en disco, gracias a la forma de tocar tan personal de los hermanos Mertanen, y a las ideas de Paco Trinidad como técnico de sonido.
Décima Víctima también destacó por su estética visual. Siempre vestidos de manera sobria, rechazaban el look más teatral y exagerado de otros siniestros de la época. Preferían dejar que su música y sus letras, fueran las protagonistas. Este enfoque minimalista no solo los definió, sino que también reforzó su aura de misterio y profundidad.
Como banda nunca vivieron de la música, y el grupo se disolvió en 1984. Pero aunque su carrera fue corta, Décima Víctima dejaron una huella eterna en la música española y en futuras generaciones de artistas.
Otros Protagonistas
Si Parálisis Permanente eran la oscuridad pura, y Décima Víctima la melancolía elegante, Derribos Arias eran el caos hecho música, un cosmos propio donde las reglas no existían, o si las había, solo servían para ser rotas con descaro.

En el centro de esta tormenta creativa estaba Poch, un personaje carismático, excéntrico, y a menudo incomprendido.
Derribos Arias lanzaron varios sencillos y un único LP “En La Guía En El Listin”, una obra que desafiaba todas las convenciones musicales y que resumía a la perfección lo que era la banda.
Además de Poch, otro talento salido de Ejecutivos Agresivos fue Jaime Urrutia, quien formó Gabinete Caligari junto a Fernando Ferni Presas y Eduardo Edi Clavo.
Los primeros pasos de Gabinete giraron en torno a la ola siniestra, para posteriormente asentarse definitivamente como unos referentes del pop rock cañí.
Otra banda madrileña con una propuesta interesante eran Los Monaguillos, con una fuerte influencia de Siouxie and The Banshees. Solo lanzaron 2 sencillos, Voces en la Jungla y Prisma de Ágatas, ambos en 1983, para posteriormente separarse.
Pero no todo estaba en Madrid. En Barcelona, Desechables eran los artífices de un sonido sucio y primitivo, influenciado por los norteamericanos The Cramps.

En Donosti estaban Agrimensor K, que tan solo publicaron 2 sencillos entre 1982 y 1983, y que no tuvieron repercusión más allá del circuito andergraund.
Otras bandas con escasa repercusión mediática pero no por ello menos interesantes, fueron La Fundación, Vida Primitiva o los Seres Vacíos con Ana Curra.
Éstas y muchas otras bandas, increíbles y desconocidas de este movimiento, las podrás encontrar en nuestra playlist exclusiva “Onda Siniestra Española”. El link, lo encontrarás en la descripción del vídeo.
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